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Mariela, teacher de Adolescentes 2, 3, 5 y Adultos 3/4 y 1/2

Entrevista teacher Marianela

En la mitad de un año que implicó múltiples desafíos para la enseñanza y que trazó el camino para nuevas modalidades de cursadas, quienes estaban al frente de las aulas y hoy pasaron a desempeñar un rol más personalizado e intenso, nos cuentan cómo atraviesan este proceso tan particular.

Hoy, es el turno de conocer la experiencia de Mariela Olsina quien nos brinda detalles de su recorrido, la adaptación a este nuevo presente virtual y las expectativas para lo que queda de este año, que marcó un antes y un después en los modos de vincularse y de aprender.

-¿Cuánto hace que formás parte de la Cultural y a qué edades te dedicás?

Hace más de 18 años que trabajo en la Cultural. De entrada, Daniel (director del instituto) me ofreció los cursos de adolescentes y adultos, en los que ya contaba con experiencia previa y donde me siento más cómoda en mi rol.

En todos estos años siempre me dediqué a estas edades, me parece un gran desafío enseñarles a personas mayores un idioma desde cero. Cada curso que empieza es un mundo diferente, cada persona tiene su manera de incorporar los conocimientos y eso me genera a mí un gran respeto y una gran motivación, constantemente estoy buscando herramientas para llegar a ellos.

Los cursos son intensivos, se trabaja muchísimo contenido en clases de dos horas, (en adolescentes de una hora y media), y hay algo interesante que sucede y es la mezcla de edades entre adolescentes y adultos. Es una fusión hermosa, donde los adolescentes son más relajados, se divierten, se ríen, pero a la vez tienen un gran respeto por los adultos, y eso incentiva a los mayores, se animan, se relajan y pierden la vergüenza. Me gusta mucho trabajar en estos niveles.

-¿Cómo afrontaste la nueva experiencia de las clases online?

En este contexto conocí a mis alumnos una semana, les di clases presenciales sólo dos días, y ya no volvimos más al instituto, y generar un lazo con los alumnos a través de ventanitas de Zoom, fue un gran desafío. A diferencia de otras compañeras que trabajan con niños, yo doy las clases de esa manera, desde la primera semana respetamos los mismos días, la misma cantidad de tiempo y mantuvimos la continuidad, incluso, tuvimos clases hasta algunos feriados, con la idea de acompañarlos, motivarlos y no dejarlos solos.

Aprendí un montón, aprendimos todos. La primera semana fue intensa y de a poco fuimos aprendiendo a escucharnos, silenciarnos, a buscarle la vuelta a esta nueva forma de enseñar. No deja de ser un desafío porque, de repente, cuando algún alumno desaparece de la pantalla me desespero por llamarlo y buscar la forma de contactarlo. Después de clase, muchas veces me quedo grabando explicaciones para enviárselas como refuerzo. También aprendí otra forma de corregir, que es por mail, y se generó otra forma de comunicación.

Lo bueno de esto es que todos desarrollamos una gran capacidad de resolver, una gran resiliencia. A veces se corta la luz, me voy a otro lugar para cumplir con el horario y, mientras, les voy mandando audios y el link. Antes abríamos y cerrábamos una puerta, trabajábamos con libros, y ahora abrimos y cerramos ventanas de Zoom, y trato de generar vínculos y de llegar a mis alumnos de todas las formas posibles.

No siempre es fácil, divertido, pero lo importante es que está saliendo bien y que los resultados son buenos. Hay otra unión, armamos un WhatsApp, pusimos horario de consulta y entre ellos se ayudan mucho, eso es algo muy positivo, que antes no ocurría con esta intensidad. Ahora hay más afecto, compañerismo y solidaridad.

-¿Cómo fue la respuesta de las familias?

Antes no tenía tanto contacto con los padres como ahora, y eso también es algo bueno, porque los papas están y ven como sus hijos se dedican dos horas a inglés. A veces se comunican y me mandan mensajes muy lindos, ellos los ven trabajando, interactuando y eso no sucede en otros casos, como en la escuela, entonces generó un valor agregado hacia la Cultural Inglesa, que es esta familia bella a la que pertenezco hace tantos años. Esas cosas no pasaban y hacen de esta etapa algo lindo, que te llena, te nutre y acompaña, porque esta modalidad genera cierta soledad.

-¿Cómo fue el trabajo en equipo?

Yo no era muy experta en lo que era informática y nuevas tecnologías, usaba internet, pero siempre tuve los libros como guía, entonces de un día para otro tuve que aprender un montón de cosas en poco tiempo. Me ayudaron muchísimo, (además de mi hija adolescente) mis compañeras que estaban mucho más familiarizadas con esta modalidad, y eso lo quiero destacar. Nos mandamos mensajes, hacemos videollamadas, primero porque las extraño y después para preguntarles cómo hacer tal cosa, y siempre compartieron sus conocimientos y eso a mí me acompañó mucho en este proceso.

-¿Cómo fue la adaptación de los adolescentes, que tienen más conocimiento sobre la virtualidad, y de los adultos, que también cuentan con otras cargas en sus casas?

Lo bueno es que, a diferencia de los niños, tanto los adultos como los adolescentes son independientes, no necesitan de intermediarios. Los adolescentes fueron los primeros en saber cómo subir un trabajo a Google Drive, como grabar algo y mandarlo. Los adultos también pudieron encontrar su horario y espacio y se pudieron organizar. A lo mejor con ellos no pudimos practicar tanto la comunicación oral, pero escriben mucho, ven películas y me las cuentan, escuchamos canciones y las analizan, y se fueron fortaleciendo más en lo escrito. Sólo algunos no pudieron seguir porque no contaban con las herramientas.

-¿Tuviste que modificar contenidos?. ¿Pudiste cumplir con los objetivos pautados?.

Estamos como si nada de esto hubiera pasado y los resultados han sido muy buenos, no adapté ningún contenido. Priorizo la necesidad de cada alumno, trato de que estén tranquilos, de no exigirles, de ir más lento, que sientan que están aprendiendo. Con adolescentes vengo muy bien y con adultos, que los cursos intensivos tienen un contenido mayor, vengo un poquito más atrasada, pero lo que más me importa es que estén tranquilos, seguros, se diviertan y que, sobre todo, no se desanimen y sigan apostando por aprender.

-¿Qué crees que va a pasar con esta modalidad online cuando se retomen las clases presenciales?.

Esta nueva forma de enseñar llegó para quedarse, pero creo que nada va a poder reemplazar lo que te da una clase presencial: el contacto, el estar en un mismo espacio, verse, aunque ya no podamos compartir un mate o abrazarnos por algún tiempo. De todas formas, eso no quita que esta nueva herramienta es muy útil y ojalá algún día podamos combinar ambas modalidades. En lo personal, anhelo profundamente volver al aula, pero estamos muy contentos de habernos podido adaptar y que nos haya salido bien.

-¿Qué te dejo este proceso?

Duplicamos la predisposición, hicimos una atención más personalizada, porque sabemos la soledad que genera estar frente a una pantalla y ante algo nuevo. Aprendí a no planificar tanto, esto nos tiene que dejar ese aprendizaje, de hacer las cosas lo mejor posible e ir día a día y no proyectarse tanto.

-¿Cuáles son las expectativas para lo que viene?

Deseo poder seguir abriendo una pantalla y que haya gente interesada en seguir aprendiendo. No importa las metas que teníamos antes, no importa si hay que llegar a cubrir tantos módulos, lo importante es disfrutar el día a día y tener ganas de seguir aprendiendo. Para mí tenerlos del otro lado, abrir una pantalla y saber que están ahí, es muy importante, y esta herramienta nos permitió todo esto. De no haber sido por el equipo, por Daniel y porque todos pudimos enseguida acompañarnos y adaptarnos, sería otra la situación. Agradezco que podemos seguir haciendo lo que nos gusta, que es enseñar, y cuidar más que nunca a los alumnos, para motivarlos y que se sientan acompañados.

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